Thu. Dec 1st, 2022

Juan Mamani aprendió el oficio de la creacion de bolsos y carteras de su padre Herminio. En Finca Potrero, los hombres tejen y hacen carteras de cuero, las mujeres no. Ellas tienen una labor considerablemente más frágil, paciente y también imprescindible: tejer. Lo hacen con una técnica milenaria, a riberas del río, mojando la lana para prensarla.

Herminio y Juan y un puñado de familias de su comunidad son parte de un pequeño conjunto que consiguió entrar en el circuito textil responsable : reciben un pago acorde a las horas que dedican a su trabajo y se respetan sus procesos productivos tradicionales.

Finca Potrero, San Isidro, Iruya, Brinca, Argentina. Mucho zoom mental y muchos quilómetros reales hay que recorrer para llegar a la comunidad de cuarenta familias que viven a dos.900 metros sobre el nivel del mar, en un rincón donde las nubes son una parte del paisaje y los oficios se heredan de progenitores y abuelos.Esta semana, Juan viajó a Buenos Aires y fue la cara perceptible en este país de Fashion Revolution, un movimiento que invita a los compradores a preguntarles a las compañías quién elaboró su ropa. El año pasado participaron noventa y cinco países y más de dos millones de personas. Este año se calcula que la convocatoria fue todavía mayor y que tenemos capacidad de dar un paso cara un cambio de conciencia como usuarios.Juan Mamani tiene 30 años y cuatro hijos, Vive en Iruya y estuvo en Buenos Aires representando su oficio en la Fashion Revolution Week

La movida #FRW
La data de Fashion Revolution Week coincide con la celebración de una catástrofe: el veintitres de abril de dos mil trece el complejo fabril Rana Plaza, a las afueras de la ciudad de Dhaka (Bangladesh) crujió bajo los pies de sus miles y miles de apretados ocupantes, todos trabajadores de la industria textil que trabajaban para marcas internacionales. Corrieron horrorizados, mas fueron obligados a regresar a las máquinas. Al día después, la factoría se desmoronó con ellos adentro. El resultado: mil ciento treinta y cuatro cadáveres y más de dos mil heridos.

La difusión mundial de la catástrofe forzó a las marcas a mudar sus políticas con los distribuidores. El Banco Mundial y el Banco Asiático de Desarrollo concedieron préstamos y diferentes organizaciones presionaron a los gobiernos a fin de que se implicaron en la penosa situación de los trabajadores. El movimiento empezó, mas hay mucho por hacer.

En este país, los Mamani y otras 8 familias de Finca Potrero son un caso del cambio. Ellos fabrican lonas únicas: sus emociones se plasman en los tejidos y eso es bienvenido (en ocasiones las lonas salen más apretadas, inquietas, otras más suaves, relajadas), los colores que toma el paisaje en todos y cada estación y los estados de ánimo de los tejedores se plasman en los hilados, el largo de las lonas depende de la voluntad de día tras día y de este modo tejedores y tejidos se amalgaman en lo que después van a ser sacos, mantas, tapados.

Clara de la Torre, asociada de Mantón Abrigos, conoció a los Mamani en un viaje a Brinca. Una noche, Herminio le prestó su poncho para regresar al pueblo y ahí comprendió la diferencia entre cualquier lona industrial y una hecha a mano en las montañas. Desde ese momento los habitantes de Potrero son sus productores. Este año a quienes le preguntaron ¿quién hizo mi ropa? Juan respondió con una sonrisa y un cartel para la fotografía instagrameable ” hice tu ropa”. Un cartel que con responsabilidad como usuarios podemos multiplicar.